martes, febrero 02, 2016

Más reflexiones de Daniel Santoro (pintor)

1) Retomando el tema de las reuniones militantes en los parques, me parece pertinente evocar un concepto que Perón formulara en ocasión de las constantes disputas internas en el justicialismo de los 70’. Planteaba una especie de anamorfosis de lectura temporal, “están los retardatarios y los apresurados”, decía el general. Desde cada posición es muy difícil apreciar con justeza la visión del contrario, entonces unos podrán pensar que lo que se hace es poco y habría que hacerlo “YA”, y los otros pensarán todo lo contrario. Fijar los tiempos del vector de acción política es un dilema de difícil solución, el tiempo justo lo debería macar la conducción del dispositivo.

2) Quisiera aclarar que entre una dieta desgrasada propuesta como cambio para el Estado, y mi temor de un kirchnerismo deshuesado prefiero mejor salir de ésta encerrona de metáforas culinarias. De todas maneras, con o sin huesos, mi temor a la ruptura está lejos de disiparse.

3) No veo aún quién pueda activar el sistema auto limpiante con los que venían equipados los viejos peronismos, no veo siquiera a algún Cafiero de reemplazo que pueda sacar a pasear al peronismo por fuera de sí mismo, y volverlo a traer sin extraviarse, ni perder demasiados componentes en la maniobra.

4) Nos abrazamos al gobierno de Néstor cuando, a poco de andar, vimos que hacía “cosas peronistas” y acompañamos con entusiasmo todo este tiempo. Pero 12 años de un uso intensivo del poder es más de la medida recomendable tolerada por el peronismo. Llega inevitable el momento en el que hay que enfrentar un dilema. a) Dar el salto emancipador, hacer la revolución, “ir por todo”. b) Iniciar las maniobras de negociación aceptando las limitaciones que impone el “marco democrático”. Una conocida encrucijada de los peronismos, aceptar esa democracia liberal burguesa que nunca podría contener al desbordante movimiento nacional.

5) Las distintas formas de organización de cuadros quedan como testimonio de esos traumáticos pasos no dados, organizaciones nunca del todo territorializadas, ubicadas en un lugar impreciso entre el Estado y la sociedad, al final son las víctimas propiciatorias de todos los reclamos y resentimientos por fuera y por dentro del movimiento (sean la UES de los 50’, la JP montoneros de los 70’ o la actual Cámpora), sobre ellas sobrevuela la sospecha paranoica de los que le imputan el haberse apropiado de un goce excesivo, los mayores anatemas del anti peronismo caen sobre éstas organizaciones.

6) En una época muchos soñábamos (esperábamos) el cambio de piel megafoneano, planeábamos la conformación de esas organizaciones libres del pueblo, tan denostadas por el campo filosófico, que serían el núcleo articulador entre los conceptos de pueblo y nación, sin duda ésta fue una irrupción novedosa en el campo de la política (anotación al margen: me gustó la propuesta de Capitanich de una “Internacional justicialista”. ¿La primer filial sería Podemos, de España? ¿Vendría con bendición papal incluida?).

7) Creo que éste sería el momento para que las organizaciones militantes encuentren nuevas formas orgánicas, tal vez deberían buscar centrar su acción en las “periferias existenciales”, encontrar formas organizativas y de acción político-social lejos de las determinaciones del activismo político y, por lo tanto, más lejos aún de las necesidades de una disciplina verticalista. Así cada militante podrá disponer de su bastón de mariscal según su deseo, en un terreno fértil para las “mil flores”.

8) Anudar el peronismo en torno a ese significante vacío que debería ser la conducción no es tarea fácil, el que ocupe ese vacío central entre dos alas deberá tener la habilidad de un piloto de tormentas, sumando a esto el hecho de que el peronismo no vuela muy bien por fuera de Estado.

9) Si podemos trascender su dimensión religiosa, tal vez el término “misericordia” se constituya en un gesto virtuoso que podría marcar el punto en torno al cual se fijaran los criterios de unidad y, entonces sí, archivaríamos la lista de torvos reproches que todos tenemos para formular, y así sacar nuestras tessera hospitalis, para reconocernos y admitirnos, recibir a todos los compañeros del movimiento nacional, ya sean los bien acostillados, con sus bríos asamblearios, o los que llevan todo el peso de la herencia simbólica y quieren apurar la filosa autocrítica o, incluso, a los que se manifiestan como una simple, aluvional, y deseante grasita ontológica en busca de un poco de felicidad.

miércoles, enero 27, 2016

El libro de la guerra



Hay un matiz entre Fogwill y Uriarte: si para Fogwill la violencia del Estado había sido muy precisa, calculada sobre un sector social y luego amplificada en los diversos relatos del Estado, para Uriarte no. Uriarte no duda de la envergadura de la represión. Sin embargo, el hilo se vuelve a unir: para ambos el triunfo de Alfonsín volvía a separar el orden civil que habitaba dentro del orden militar, otorgándole una oportunidad de reconstrucción y continuidad a esa clase dominante que había impulsado la dictadura y que se negaba a reconocerse en el espejo de la faena represiva. Massera en el choque de placas tectónicas entre esos dos tiempos, caía en la fosa del tiempo viejo, pero la clase empresarial de ese orden no. Esa faena, ese Matadero, “el show del horror”, dimensionaban la dictadura como un capítulo de crueldad de la “naturaleza militar argentina” y proponía un futuro de política secularizada, de república y ciudadanía, con los límites aprendidos bajo efectos del terror que ahora se perpetuaba en su relato morboso: los detalles de las torturas formulaban la continuidad de los efectos de esas torturas para la continuidad del orden procesista bajo formas constitucionales. El cuento de terror para aceptar los límites del nuevo orden. Eso colocó -en la visión de ambos- a los derechos humanos del lado de una claudicación funcional a los vencedores: la aceptación de un nuevo territorio político “despolitizado”, de cuerpos, picanas y chupaderos. Así, el Alfonsín de Fogwill y Uriarte es el heredero perfecto del Proceso. ¿En qué lugar queda esa figura tan angelada de Alfonsín, el presidente disputado por todos (kirchneristas, alfonsinistas, republicanos) según estas hipótesis? Paradoja de un político que trajo una modernidad deseada a caballo de denunciar los restos del partido militar y la sociedad autoritaria. Ocurre una lectura simultánea: Alfonsín tiene dimensión histórica contradictoria. Un Alfonsín sólo “heredero” del Proceso pasa por alto las revueltas de su propio gobierno, sus primeros impulsos industrialistas, su liberalismo político, aspectos que hicieron de ese gobierno, por ejemplo, el espejo histórico que eligió Cristina para mirarse. El cristinismo “allendizó” a Alfonsín. La cháchara de un Leopoldo Moreau colocó la figura de Alfonsín con casco y metralleta en una Casa de la Moneda argentina que resistía el bombardeo de los capitanes de la industria, la CGT, la SRA y Clarín.

lunes, enero 25, 2016

La vuelta a la naturaleza o el buen salvaje neoliberal



Por Daniel Santoro

El actual gobierno se plantea, no tanto como un nuevo comienzo fundacional, sino más bien como una vuelta a la amable y eterna naturaleza de las cosas. Esto no podría lograrlo sin antes emprender la tarea de un desmontaje de los lugares de mayor densidad simbólica e ideológica, lugares en torno a los cuales el peronismo, y luego el kirchnerismo, produjeron y replantearon la novedosa articulación entre pueblo y nación, expresada sobre todo a lo largo de los 3 últimos gobiernos. Esta herencia simbólica se mostró en salones, monumentos, abigarrados fondos iconizados que enmarcaban las cadenas nacionales (maquetas, billetes, Eva Perón, Belgrano, Moreno, los héroes latinoamericanos, etc.), incluso afuera, por detrás de los ventanales no se dio descanso a los requerimientos escópicos, una Juana Azurduy, con su sable erecto, interpelaba a los gobernantes que se sentaban en el sillón de Rivadavia, un sillón de pronto ocupado ahora por un simpático perrito callejero, que por supuesto no tiene en su naturaleza hacer el mal. El nuevo régimen escópico cambió estas memorabilias nacionales por amistosas fotos de familia sacadas en parques y jardines, fondos de pura naturaleza, sin requerimientos, sin claves visuales a desentrañar; solo una muda y primitiva parodia danzante en el balcón de nuestros más caros discursos fundacionales bastó para que entendiéramos el nuevo paradigma, y ésta vuelta de lo natural incluye por supuesto el papel moneda, por tierra mar y aire se muestra la incontenible fuerza de la naturaleza, se exhibe un territorio a explorar, libre de cualquier prejuicio ideológico, purgado de las molestas pretensiones del que viene con opiniones propias. Ingrávidos, sin el peso de las herencias simbólicas, podremos ingresar al fin, con la naturalidad del buen salvaje, al paraíso “naturalizado” del poder global financiero.

Mientras tanto aquí, en nuestra tierra, los compañeros continúan tramitando el duelo de la derrota, se suceden las reuniones, las charlas informales, los intentos de alguna orgánica, se dice “algo tendríamos que hacer”, de alguna manera todo sirve para desangustiarnos, las más diversas opiniones circulan con total libertad, se duda de todo, ¿realmente hubo una voluntad de ganar? ¿Será Cristina la conducción? ¿Todo éste caos se ordenará con su vuelta al centro de la escena? ¿Será ella el factor de unidad, o precipitará las rupturas en espera?

Otros compañeros decidieron transitar esta etapa traumática reunidos en parques y plazas, dan pequeñas batallas asamblearias, se entregan a un desgaste inevitable y los hacen al ritmo y en el lugar que el adversario decide con su loco compas de verano, todo a contramano de los conocidos manuales de estrategia.

Es fácil advertir que la noticia más ansiada por nuestro enemigo será la de la ruptura del sistema kirchnero-peronista, la pinza metafísica ya está operando, por un lado el desmontaje simbólico naturalista y por el otro la inminente extracción del núcleo peronista que estructura al kirchenrismo, de modo tal que el kirchnerismo deshuesado pueda -cumpliendo una cruel paradoja- ser ese partido progresista que se insinúa en algunos parques metropolitanos (tan lejos de los conurbanos). Hay compañeros que sueñan el sueño del enemigo, el deseo que el kirchnerismo sea ese partido, un poco PI, un poco flácido y finamente purificado de la mugre peronista.

¿Y que de los sabrosos restos óseos del peronismo? con ellos seguramente se hará un puchero (un muleto liberal opositor), alimento nutritivo para las corporaciones.

Será la tarea de quienes se asuman como la conducción del conjunto de nuestro movimiento aplicar el delicado “arte de la conducción” (también entendiendo éste arte como la posibilidad de transformar la naturaleza). Sin éste complejo equilibrio que implicará renuncias, gestos de grandeza, extrema comprensión, empatía e incluso misericordia, la catástrofe que se anuncia en el horizonte será inevitable, y al menos los próximos 8 años serán, “naturalmente”, de Macri.